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La Cerámica de El Carmen: Principios y mediados del siglo XX

"El doctor Germán Arciniegas en un visita que realizó a El Carmen de Viboral, dejó escrito el siguiente concepto: Del Barro del Carmen va a nacer y a renacer el arte colombiano, suma de la tradición indígena, de la tradición española y de los anhelos americanos. Vasijas del Carmen... vasijas de américa; barro de Colombia, sustancia espiritual de nuestra vida".

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Durante las últimas décadas del siglo XIX (1870-1880), la cerámica ya contaba con trabajo en las localidades de Mompox, Bogotá, Caldas (Antioquia) y en algunos municipios de la región del Oriente Antioqueño como Rionegro, Granada, El Santuario y El Carmen de Viboral.

La vocación de los habitantes de El Carmen por la cerámica artesanal se remonta a los indígenas precolombinos, a juzgar por los objetos hallados en las veredas de Santo Domingo, La Chapa, Viboral y Quirama, elementos de barro colorado, cocido, cubierto con barniz negro.
Sin embargo, fue en 1899, y después de fallidos intentos por parte de líderes como Eliseo Pareja Ospina, Froilano Betancur Uribe, Bonifacio Betancur, Bernardino Betancur B. y Fidel Múnera, que se empezaron a consolidar las primeras fábricas de loza en el municipio, y se "desarrolló la técnica de barro blanco cocido y esmaltado al estilo Palissy" . Estas empresas tomaron nombres como: "Cerámica El Carmen" de Eliseo Pareja y "Nueva Cerámica El Carmen" de Bernardo de J. Betancur y Fidel Múnera.


Años más tarde, en 1901, Bernardino Betancur, Fidel Múnera y Félix Giraldo en un pequeño terreno fundaron un rancho, echaron cimientos y, validos de un documento escrito en lenguajes ajenos y traduciendo palabra por palabra, construyeron un horno pequeño, un molino de arrastre accionado a mano y un molino hidráulico. Con ello pretendían iniciar una empresa dedicada al trabajo con la loza.


Sin embargo, la guerra civil hizo que el esfuerzo, los estudios, los diseños y las inversiones se perdieran por algunos años, haciendo que el dueño, don Bernardino Betancur, se dedicara a la arriería para solventar sus gastos personales. Fue entonces que hasta 1905, con los aportes de varios socios, se intentó sacar a flote la modesta empresa una vez más.


Un par de años después, Rafael Posada Villa, gestor de grandes iniciativas industriales, llegó a El Carmen desde Medellín y se asoció con Bernardino Betancur, formaron "Posada & Betancur" empresa que luego tomaría el nombre de "Locería Antioqueña".
Esta empresa, junto a la "Cruz Férrea", se convirtió en una de las escuelas de cerámica más representativas para las generaciones jóvenes de principios del siglo XX, que vieron en el trabajo con la loza una oportunidad de obtener recursos para sacar adelante los estudios y profesiones enmarcadas en la industria y el comercio.

 

fabrica antigua de ceramica


"Las enormes peripecias y penurias que tuvieron que sufrir estos titánicos y esforzados pioneros, tuvieron su recompensa cuando en El Carmen se fue consolidando un emporio de la cerámica artesanal, cuyos productos ya eran de exportación en la década del año 20. Cubrían gran parte del mercado nacional, eran premiados en todas las exposiciones donde se presentaban y recibían los más altos elogios por su calidad y belleza ."


Las piezas producidas en la época eran: vajillas completas, tazas, platos, pocillos, tasas bolas, floreros, jardineras, materas, juegos para el té y para el café, ceniceros, objetos para adornos de mesas y salas, algunos artículos sanitarios, ladrillos de loza, azulejos, jaboneras, juguetería, aisladores de porcelana, platones, bomboneras, ensaladeras, saleros, redomas, candeleros, exprimidores y tazas para consomé .


No obstante, la crisis económica mundial de los años treinta, tuvo un impacto bastante trascendental para la actividad ceramista local. En 1935, surgió como una alternativa a las situaciones difíciles de la crisis "Cerámicas Unidas S.A", fábrica que representaba la unión de las empresas: Cerámica Nacional, Locería Júpiter, Locería Cruz Férrea, Cerámica o locería El Carmen y Cerámica Modelo. Esta empresa introdujo "en ausencia de moneda circulante, unos vales que se emplearon en las relaciones comerciales del mercado local." Sin embargo "Cerámicas Unidas" se disolvió en 1950.


El Carmen de Viboral apareció en el primer censo industrial de Colombia en junio de 1945 (...) En junio de este año existían 12 establecimientos industriales que trabajan con minerales no metálicos e industrias relacionadas con la alfarería, gres y cerámica en general. No obstante, estas empresas en muy pocos aspectos daban cumplimiento a las normales legales vigentes desde los años 30 sobre legislación laboral. No había una concepción real de lo que implicaban las prestaciones sociales, las condiciones favorables de trabajo o las posibilidades de sindicalización. En general, las relaciones de trabajo se enmarcaban en una lógica muy tradicional.


Sin embargo, uno de los aportes más grandes del movimiento ceramista, fue la inclusión de la mujer en la vida social y productiva del municipio. Su participación en el trabajo con la loza implicó una transformación en los hábitos y esquemas de vida establecidos por una sociedad tradicional, donde el poder y la representación social los ejercía el género masculino.


En verdad, la cerámica se convirtió para El Carmen de Viboral, por encima de la agricultura que garantizaba la subsistencia, en eje dinamizador de la vida de los carmelitanos. "De algún modo fortaleció los lazos de pertenencia, de asentamiento y de la vida familiar por cuanto evitó, en grandes proporciones, las migraciones en masa.
María Teresa Arcila, antropóloga de la Universidad de Antioquia describe:

"La cerámica ha sido la actividad que mayor auge económico, tecnológico y comercial llegó a alcanzar en la región, donde con mayor éxito los artesanos lograron desarrollar su saber colectivo, reflejar sus valores culturales y expresar su identidad, donde presenta un proceso histórico de gran riqueza prácticamente inexplorada".